Allá donde mira solo encuentra niebla. No escucha más que sus pasos, ni siente más que la fría humedad en su piel y la tierra blanda y mojada bajo sus pies. Se pregunta qué hace allí, cómo ha llegado y a dónde va, aunque no conoce las respuestas. No conoce las respuestas a muchas preguntas. Tampoco recuerda su nombre; siente que eso es algo que debería recordar.

Avanza con paso firme, pues cree que en algún momento logrará llegar a algún sitio, que la niebla tendrá fin y al salir recordará todo lo que parece haber olvidado. Pensar de otra forma sería una temeridad, ya que enloquecería al saberse atrapado para siempre en aquel lugar.

La niebla era densa y se ceñía a él como una mortaja. Mirase a donde mirase no veía más que aquel gris blanquecino. Por eso se sobresaltó al percibir una mancha oscura más adelante: una silueta difuminada. El temor atenazó su corazón, pero la desesperación por salir de aquel lugar se antepuso y corrió al encuentro de aquel borrón distante. Mientras se acercaba el borrón cambió y emitió un ruido. Se había hecho más ancho horizontalmente, aunque estaba seguro de que se trataba de alguien, de que la silueta pertenecía a alguien similar a él.

—¿Quién eres? —preguntó una voz desprovista de emoción.

—No lo sé, no sé quién soy, ni de dónde vengo, ni a donde voy —respondió él con honestidad.

—¿Sabes por qué estás aquí? —volvió a preguntar la voz.

—No, no sé por qué estoy aquí. ¿Qué es este sitio? —su voz se llenó de ansiedad sin quererlo.

—Aquí es donde el alma olvida, se limpia y se purifica —contestó la voz en un tono monótono—. Dime, ¿ha sido purificada tu alma ya de toda mancha?

No pasó por algo lo que esa pregunta daba a entender.

—¿Cuánto llevo aquí?

—Mucho tiempo. Y seguirás aquí hasta que tu alma esté limpia. ¿Lo está?

—¿Cómo voy a saberlo? ¿Cómo podría saber si mi alma está limpia? Por favor, solo quiero salir de aquí. No soporto más este lugar que nunca se acaba y que no lleva a ningún sitio.

—Sí lleva a algún sitio, solo que no serán tus pies los que te lleven allí, sino tu alma.

Se acercó a la figura y extendió los brazos, tocando lo que parecían unos hombros. Se aferró a ellos en gesto suplicante.

—Por favor, no puedo seguir aquí.

Aquella figura no dijo nada, aunque sus alas se movieron. Eran alas, pues, lo que había visto extenderse antes. ¿Quién o qué era aquel ser alado?

El ser empezó a tararear una melodía y él notó como algo se removía en su interior, aunque no lograba descifrar qué era. Algo que tenía muy dentro y que pugnaba por salir. Pasaron así los minutos: él sujetando a la criatura por los hombros, ella entonando aquella melodía. Al final, aquella sensación terminó por amainar. Y, cuando lo hizo, notó unas manos frías en sus antebrazos.

—Estás listo —dijo con una voz cargada de misericordia.

Se retiró, lo tomó de las manos y lo alzó. Juntos alzaron el vuelo y atravesaron la niebla a gran velocidad. Se notaba pesado, muy pesado. Notó como caían sus piernas, luego su torso, luego su brazo hasta que dejó de sentirse pesado y volaron aquella criatura alada y su alma de la mano hacia lo que fuese que venía después.


Este relato forma parte del reto de escritura Writeober 2026 por witchy Kat.