Mientras hablaba, el viejo Simeón se paseaba por la sala atestada de libros, pergaminos y frascos que contenían tanto maravillas como horrores sumergidos en líquidos de aspecto hediondo. Gesticulaba mucho mientras hablaba.
—Cuando escuchan la palabra conjuro, la mayoría piensan en convertir a alguien en rana, hacer aparecer algo de la nada o alguna otra bobada por el estilo.
Una vocecilla aguda y curiosa interrumpió su explicación, lo que hizo que sus cejas se uniesen formando una sola. Aquel mocoso insolente podría haberse guardado sus preguntas hasta que hubiese terminado.
—¿Y no es así, maestro Simeón? En las historias los magos… —eso sí que no. No le dejó terminar. Se hinchó como un pavo real y posó en él su mirada, que bastó para silenciarlo.
—Las historias son para los niños y los bobos —relajó su expresión antes de proseguir—. Una sarta de mentiras concebidas para entretener y hacer la vida más llevadera a los desgraciados. No es eso lo que hacemos aquí, ni lo que aprenderás.
El chico fue lo suficientemente inteligente como para no replicar a su maestro y guardar silencio mientras lo observaba con los ojos bien abiertos y la mente todavía más.
—¿Sabes? La palabra conjuro, según sus raíces, significa ligarse a algo o alguien mediante un juramento. Juramentos, eso es lo que hacemos; eso es lo que aprenderás.
«Pero ya sé hacer juramentos, maestro. Mi madre me hizo jurar que sería bueno cuando me tomó usted bajo su tutela» quiso decir el chico, pero determinó más juicioso no hacerlo, temeroso de recibir una nueva reprimenda.
Simeón echó mano de una hoja de pergamino, la rasgó hasta tener un pequeño pedazo que arrugó con sus dedos largos y arrugados y la puso sobre la mesa, junto al chico.
—Hazla arder —le ordenó.
El chico, no obstante, miró confundido primero a aquella bola de papel y luego a su maestro. Negó con la cabeza, avergonzado.
—No sé cómo, maestro.
A Simeón se le escapó una risita ronca.
—Claro que no. Si supieses no estarías aquí y yo no estaría malgastando mi tiempo en enseñarte. —Señaló a la bola—. Para hacerla arder debes conjurar. Y conjurar no es más que pedir prestado el poder para hacer las cosas que no podemos hacer porque hemos nacido humanos y no hay una ni una pizca de maravilla o magia que corra por nuestras venas. Así que pedimos, mendigamos, ese poder a cambio de un precio. Escúchame bien, muchacho, pues es muy importante: toda magia tiene un precio; nadie va a prestártela sin esperar nada a cambio.
Se arremangó y dejó ver su piel flácida y arrugada cubierta de marcas extrañas, algunas tan difuminadas por el paso de los años que costaba distinguirlas. El anciano murmuró unas palabras y al muchacho le dio la impresión de que una de aquellas marcas se estaba moviendo, de que brillaba. Admiró cómo la bola estallaba en llamas con los ojos bien abiertos, una sonrisa boba en el rostro y la boca bien abierta.
—Eso ha sido impresionante, maestro —y su fascinación dio paso a la curiosidad. Toda esa transmutación de emociones pudo verse perfectamente en su rostro—. Antes ha dicho que el poder es prestado. ¿A quién le ha pedido prestado el poder para hacer eso?
La sonrisa de Simeón se ensanchó, aunque era una sonrisa triste. Era agudo, el zagal. Muchos se quedaban en el asombro; esos, en su experiencia, duraban poco.
—A un demonio, por supuesto.
—¿Y qué le ha pedido a cambio?
—Eso, muchacho, es un secreto. Es algo entre ese demonio y yo.
No era cierto, pero de habérselo contado probablemente habría salido corriendo de allí en ese mismo instante y no habría mirado atrás. Sería lo más inteligente, aunque entonces renunciaría a la grandeza de blandir el relámpago, comandar el fuego y tantas otras maravillas que estaban al alcance de sus dedos. A veces Simeón se preguntaba si el precio que había pagado, el que pagaba y el que seguiría pagando incluso después de su muerte, habría valido la pena. Era una duda breve y molesta, como una mosca, poco más que un incordio. Por supuesto que había valido la pena.
—Bueno, continuemos con la lección. ¿Por dónde íbamos?
Este relato forma parte del reto de escritura Writeober 2026 por witchy Kat.